DEPORTES DE VERANO Y CUIDADO DE LA PIEL

En verano la escena es la siguiente: te cuidas la piel como el resto del año, entrenas, sales a correr, juegas al pádel, haces bici o pasas horas en la playa… y, aun así, te salen granitos, rojeces o irritación justo cuando más te mueves. Y no, no siempre es solo por el sol. Cuando hace calor, la piel lidia con la radiación solar y también con el sudor de todo el día, el roce, la ropa técnica, el casco, las gafas y esa mezcla de humedad, calor y fricción que no le dan un respiro.

Esto se nota mucho en personas que hacen deporte al aire libre, sobre todo en verano. Running costero, ciclismo, senderismo, voleibol, tenis, deportes náuticos o entrenamientos largos en exterior ponen a la piel en una situación bastante exigente, y algunas responden con esos brotes, escozor, sensación de tirantez o enrojecimiento persistente. Y aunque nos estemos cuidando diariamente simplemente está sometida a demasiados factores al mismo tiempo. El sudor retenido sobre la piel, el calor, la oclusión de ciertas prendas y la fricción repetida pueden irritarla y favorecer brotes o inflamación, especialmente si ya tiene tendencia acneica, rosácea o dermatitis.

En consulta vemos pacientes que mejoran con el buen tiempo, pero otros que dicen que la piel se les descontrola en cuanto empiezan a hacer una vida más activa durante en verano. Y tiene sentido. La piel no distingue entre una mañana de deporte muy saludable y una suma de pequeñas agresiones mantenidas: lo que siente es calor, roce, sudor y una barrera cutánea más vulnerable.

Los problemas más frecuentes

Uno de los más habituales son los brotes que aparecen cuando el calor, el sudor y la fricción se combinan sobre la piel. Es típico en zonas donde roza un casco, una cinta, una mochila, una gorra o ropa ajustada, y puede verse en frente, mandíbula, espalda, pecho o hombros. En verano esto pasa factura, porque el sudor se acumula con más facilidad y la piel está más horas expuesta.

También es frecuente la foliculitis, una inflamación del folículo piloso que puede aparecer en forma de granitos, pero no siempre es acné. El calor, la humedad, la ropa ajustada que atrapa sudor y la fricción la favorecen, y en algunos casos también puede relacionarse con bacterias, hongos o exposición a piscinas mal mantenidas.

A esto se le suman las rozaduras, muy típicas en ingles, cara interna de muslos, axilas, zona del sujetador deportivo o áreas donde el tejido frota de forma repetida. Y tampoco es raro ver irritación por sal o cloro, especialmente cuando la piel pasa muchas horas expuesta y luego no se limpia o repara bien. En pieles con rosácea o dermatitis, el verano puede complicar más las cosas. El calor corporal con el aumento de temperatura de la piel y el sudor pueden empeorar la rojez, la sensibilidad y la reactividad, especialmente si la piel ya parte de una barrera más frágil.

Cómo prevenir y tratar

Aquí merece la pena frenar un poco el piloto automático. Porque lavarse la cara diez veces al día no suele ser la mejor solución. De hecho, una limpieza excesiva puede alterar aún más la barrera cutánea y empeorar la irritación, sobre todo si se usan limpiadores agresivos o se frota demasiado.

Es más útil utilizar un fotoprotector apto para deporte, resistente al sudor y cómodo de reaplicar durante la actividad, elegir ropa que ayude a evacuar el sudor y reduzca la fricción, en lugar de tejidos muy ajustados que atrapen calor y humedad, ducharse o limpiar la piel después del ejercicio con un producto suave, cambiarse la ropa húmeda cuanto antes…, porque dejar el sudor seco sobre la piel durante horas no ayuda. También conviene mantener limpios casco, correas, acolchados, gorras o accesorios que están en contacto repetido con la piel. En personas con brotes recurrentes, también puede ser útil revisar si la rutina está incluyendo demasiados pasos o demasiados activos exfoliantes o muy potentes que, sobre el papel, suenan estupendos, pero en pleno verano y con deporte pueden terminar irritando más.

Fotoprotección si entrenas

Si haces deporte al aire libre, estás en exposición solar directa y sostenida, Además, en entornos de costa o playa, el agua y la arena aumentan la carga de exposición por reflejo. Eso significa que la piel no solo recibe sol “desde arriba”, sino también de forma indirecta, y ahí, no improvisar suele ser siempre mejor. 

En este caso, el protector solar tiene que ser un hábito antes de salir de casa. Y debe aguantar sudor, no escocer y poder reaplicarse si la exposición se alarga. Por eso existen protectores específicos para deporte, libres de grasa o perfumes que pringuen o que piquen en los ojos. Eso sí, aunque los sticks son muy cómodos, recuerda que no sustituyen a tu spf en crema, ya que no protegen con la misma eficacia que las cremas.

Cuándo venir a la consulta

Si cada verano aparecen los mismos brotes, si la rojez persiste, si hay picor, escozor o lesiones que no terminan de resolverse, conviene valorarlo. No todo lo que parece acné es acné, no toda erupción es normal por sudar y no toda irritación mejora con una regenerante. Foliculitis, rosácea, dermatitis o acné mecánico pueden parecerse entre sí, pero no se manejan igual.

Si entendemos qué está pasando para que la piel pague siempre el precio del verano y del deporte y la tratamos en consecuencia, podemos seguir disfrutando de nuestro entrenamiento. Realizarlo bien enfocado con la ayuda de tu dermatólogo/a, cambia bastante la experiencia.

Disfruta sin castigar la piel

No hace falta elegir entre cuidarte y hacer deporte. Disfrutar cuando llega el buen tiempo es primordial, y no llevar nuestros hábitos a los extremos. Siempre me gusta recordar que la clave es encontrar un equilibrio. Con mejor fotoprotección, ropa adecuada, limpieza suave, menos exceso y buenas pautas, la piel suele tolerar mucho mejor el ritmo del verano. 

¡Porque se puede entrenar fuerte, disfrutar del buen tiempo y cuidar la piel sin demasiado esfuerzo, todo es querer!

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